miércoles, 12 de mayo de 2010

UNIVERSOS


Los cuatro textos siguientes son una breve muestra de la producción creativa de los alumnos de la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen, colegio rural de Girardota, municipio del departamento de Antioquia que, a su vez, pertenece a Colombia, país inexistente en cuanto no es dueño de sí sino mega-proyecto colonial de los monos -valga la palabra- ubicados en la parte norte del continente americano. Versan sobre el universo y están escritos por jóvenes del grado noveno, décimo y once que comienzan a soplar palabras al hálito infinito donde todo lo que pasa, pasa. Uno de esos pasos, por ejemplo, fue la tremenda pregunta de Zuleima Molina del grado décimo: "¿Será que estamos bien o nos estamos pudriendo espiritualmente?" Ahí los textos:

El universo.

El universo es algo maravilloso. Él está lleno de estrellas, planetas, soles, galaxias, etc. Yo me imagino el planeta lleno de muchos animales desconocidos. Una raza de humanos que tal vez no conocemos.
Me imagino al planeta cuando lo invadan los marcianos y los humanos haciéndose amigos de ellos. Me imagino el universo lleno de estrellas en forma de corazones y planetas, peces u otros animales que puedan hablar. También los animales jugando fútbol entre ellos mismos, jugando cartas y tomándose unas cervezas después de un partido.
Me imagino los extraterrestres invitándonos a jugar con ellos en su planeta; los árboles corriendo, las casas desplazándose de un lugar a otro, o las personas volando como un pájaro. O que tengamos poderes. O que las estrellas se puedan coger. El universo debe ser maravilloso, imagino.
Daniela Galeano Bustamante. Noveno grado.

Cuando miramos una hormiga y tratamos de imaginarnos en su pequeño mundo nos sentimos pequeños y con altivez nos burlamos de estos pequeños seres. Pero, ¿acaso no somos igual de diminutos a las hormigas?
En un universo sin fin nada es tan grande y nada es tan pequeño. Y ahí, en ese infinito lugar de dudas se encuentran muchas respuestas a lo que parecía no tenerlas.
¿Qué misterios guarda el universo? Tratar de imaginarlo es imposible, porque en nuestra existencia hay límites, pero en el universo no hay ninguno.
Duber Osorio. Décimo grado.

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Sólo para usted grande e infinito universo el cual no puedo apreciar con total claridad, quiero decirle que en realidad tengo muchas dudas frente a usted, lo que pienso, cómo lo veo, cómo lo trato, etc.
Sé que tú puedes dominarme por ser yo más pequeño que tú. En realidad no sé hasta que límites puedas llegar. Sólo sé que tú con pensarlo puedes destruirme a mí y a miles de millones de personas. Yo a tu lado me siento como una pequeña partícula de la tierra, como nadie, como lo más diminuto, como si para ti no existiera. Sólo piensa, recapacita y sé que puedes lograr vivir muchos años luz más.
Andrés Felipe Alzate. Undécimo grado

¿Universo?
¿Qué hace la humanidad al preocuparse por… ti, por los demás? ¡Ah! ¿Qué hacen?
¿Qué haces tú pensando en él, en ella, en… autos? ¿Qué haces…? ¿Y tú donde quedas? ¿Qué pasa contigo?
Universo, te diré unas cuantas palabras; palabras de solicitud, espero me escuches muy bien: ¡Déjame en paz! Deja de mostrarme tantas cosas que me atormentan. Cosas por aquí, cosas por allá que cada día me dicen que las entienda, que las descubra, que las conozca; cosas que hacen ocuparme de ellas. Y de mí, ¿qué?
Más bien muéstrame la luz, pero no esa luz opaca, esa luz pasada, que nunca llega en mi presente, que siempre llega tarde. Pues he tenido deseo de abrazar, besar, acariciar…a una mujer. O he querido pelear contra mi enemigo que me atormenta. Pero nunca me abrazo ni me beso yo. No me intereso por conocerme yo. Ni tampoco peleo contra mí mismo, sabiendo que soy yo quien provoco al enemigo.
Por eso muéstrame solo luz; que con ella iluminaré mi alma, mi cuerpo; y así iluminaré lo que en ti más hay.
Dairo Vanegas. Undécimo grado.

martes, 20 de abril de 2010

POR SI NO LO SABÍAS


Hacerlo de pie fortalece la columna,
boca abajo estimula la circulación de la sangre,
boca arriba es más placentero,
hacerlo sólo es bonito, pero egoísta,
en grupo puede ser divertido,
en el baño es muy digestivo,
en el coche puede ser peligroso...
Hacerlo con frecuencia
desarrolla la imaginación,
entre dos enriquece el conocimiento,
de rodillas resulta doloroso...

En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio,
antes de comer o de sobremesa,
sobre la cama o en la hamaca,
desnudos o vestidos,
sobre el césped o la alfombra,
con música o en silencio,
entre sábanas o en el baño:

Hacerlo, SIEMPRE es un acto de amor.
No importa la edad, ni la raza, ni el credo,

ni el sexo, ni la posición económica...


... Leer siempre es un placer.

lunes, 12 de abril de 2010

LA VIDA SEGÚN QUINO.




… Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez.

Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.

Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.

Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria…

Después pasas a la primaria y eres un niñ@ que se la pasa jugando sin responsabiliddes de ningún tipo…

Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…

¡¡¡ESO SÍ ES VIDA!!!

lunes, 1 de marzo de 2010

Vereda el Para(d)íso

Paraíso es cualquier lugar en el que haya una finca, o una urbanización, o un barrio. Dios, por ejemplo, hizo su propio paraíso según sus gustos y necesidades: muchos árboles, muchos ríos, muchos animales, y en general muchas clases de maravillas naturales. En el paraíso de Dios todos están desnudos. Des-nudos.

Pero más específicamente el paraíso es una vereda. Una vereda con mar. Playas nudistas y buenos sitios para acampar. No obstante, para estar allí es necesario haber sido previamente desparasitado, purgado, limpiado de toda ciencia y de todo conocimiento sobre el bien y sobre el mal. Quien no cumpla con estos requisitos no podrá entrar, naturalmente, ya que en la portería hay que presentar los carnés de vacunas y certificados correspondientes.

También es necesario dejar la ropa a la entrada, no vaya a ser que a alguien se le ocurra ponerse, digamos, unos brasieres, o una corbata. Eso sería inadmisible. El paraíso tienes sus propias reglas y no somos quienes para pasarlas por alto. Todos deben estar desnudos y punto. Des-nudos. Hasta los pájaros y los mamíferos y los insectos prescinden allí de sus plumas y sus pelajes y sus corazas.

Así pues, no es sólo como dice don Jaime Jaramillo, que donde se esté desnudo allí estará el paraíso. Es necesario además tener desparasitado el corazón. Sólo tal vez así, y eso que quién sabe, puesto que al paraíso le gusta mudarse a menudo, podamos disfrutar de aquellas paradisíacas empelotadas.

martes, 16 de febrero de 2010

A PROPÓSITO DEL PARAÍSO


Recordar el paraíso es caer a ese presente en que no lo tienes ya. La realidad te depara sus hipérboles y tú los traduces en una oración construida a base de hipérbaton. Crees que la existencia es un taller para reparar heridos de nacimiento. El paraíso, ese paisaje con alas migratorias, se te antoja la cruda realidad de haber visto una noche temblar a tu madre por sus dolores lunares en el óvulo. Te afirmas a ti mismo con fragilidad. Niegas que el paraíso sea la contradicción. En cuestiones de origen o de principios nunca has acertado.

Ahora que piensas, por otra parte, piensas que el paraíso no es pensamiento. Lo sientes, más bien, como un río de estrellas atravesado por los gritos que dios profiere, cuando en distantes regiones insondables, o en la levedad de la vida humana, canta altas tragedias. Dulces y azules que le pone a la muerte así como así. Deus ex machina obrando seres mortales como pavesas que vuelan de su sonrisa infinita. En fin, digamos, qué más da, que es de allí, de ese surgimiento, desde donde se entiende aquello de que el paraíso es una mermelada de inexistencia que buscan los eternamente perdidos.

El paraíso, tú qué sabes, es un niño con los ojos abiertos o un muerto con los ojos cerrados, un ángel en llamas o el grito liberador y libertario de las bestias. Mejor dicho, es un saber perdido entre la maleza que crece en los sueños del hombre. Porque si hay certezas admitirás que, ahora, el paraíso es un mito manzanoso y medio envenenado por los discursos que escupen todos los púlpitos; que no puede haber paraíso donde hay “paras”. Asentirás, pues, con toda la fuerza de tu escepticismo que, ahora, el paraíso es el nombre de un almacén que viste la selva con ropa interior, o el letrero de neón de un antro poblado por soldados abatidos y prostitutas cansadas.

Tal vez - ¡eso si es una palabra firme!- el nombre del paraíso pueda ser, otra vez, un día, el de utopía. Mas a qué desvariar. El paraíso es apenas un vocablo inscrito en las hojas antiguas de los libros sagrados. Sólo leyendas primitivas que vuelven en sueños, con sus espejos reconstruidos y su forma de corazón y sus raíces de silencio. A qué desvariar más, si sólo vuelven en sueños a roerte la costilla.