martes, 20 de abril de 2010

POR SI NO LO SABÍAS


Hacerlo de pie fortalece la columna,
boca abajo estimula la circulación de la sangre,
boca arriba es más placentero,
hacerlo sólo es bonito, pero egoísta,
en grupo puede ser divertido,
en el baño es muy digestivo,
en el coche puede ser peligroso...
Hacerlo con frecuencia
desarrolla la imaginación,
entre dos enriquece el conocimiento,
de rodillas resulta doloroso...

En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio,
antes de comer o de sobremesa,
sobre la cama o en la hamaca,
desnudos o vestidos,
sobre el césped o la alfombra,
con música o en silencio,
entre sábanas o en el baño:

Hacerlo, SIEMPRE es un acto de amor.
No importa la edad, ni la raza, ni el credo,

ni el sexo, ni la posición económica...


... Leer siempre es un placer.

lunes, 12 de abril de 2010

LA VIDA SEGÚN QUINO.




… Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez.

Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.

Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.

Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria…

Después pasas a la primaria y eres un niñ@ que se la pasa jugando sin responsabiliddes de ningún tipo…

Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…

¡¡¡ESO SÍ ES VIDA!!!

lunes, 1 de marzo de 2010

Vereda el Para(d)íso

Paraíso es cualquier lugar en el que haya una finca, o una urbanización, o un barrio. Dios, por ejemplo, hizo su propio paraíso según sus gustos y necesidades: muchos árboles, muchos ríos, muchos animales, y en general muchas clases de maravillas naturales. En el paraíso de Dios todos están desnudos. Des-nudos.

Pero más específicamente el paraíso es una vereda. Una vereda con mar. Playas nudistas y buenos sitios para acampar. No obstante, para estar allí es necesario haber sido previamente desparasitado, purgado, limpiado de toda ciencia y de todo conocimiento sobre el bien y sobre el mal. Quien no cumpla con estos requisitos no podrá entrar, naturalmente, ya que en la portería hay que presentar los carnés de vacunas y certificados correspondientes.

También es necesario dejar la ropa a la entrada, no vaya a ser que a alguien se le ocurra ponerse, digamos, unos brasieres, o una corbata. Eso sería inadmisible. El paraíso tienes sus propias reglas y no somos quienes para pasarlas por alto. Todos deben estar desnudos y punto. Des-nudos. Hasta los pájaros y los mamíferos y los insectos prescinden allí de sus plumas y sus pelajes y sus corazas.

Así pues, no es sólo como dice don Jaime Jaramillo, que donde se esté desnudo allí estará el paraíso. Es necesario además tener desparasitado el corazón. Sólo tal vez así, y eso que quién sabe, puesto que al paraíso le gusta mudarse a menudo, podamos disfrutar de aquellas paradisíacas empelotadas.

martes, 16 de febrero de 2010

A PROPÓSITO DEL PARAÍSO


Recordar el paraíso es caer a ese presente en que no lo tienes ya. La realidad te depara sus hipérboles y tú los traduces en una oración construida a base de hipérbaton. Crees que la existencia es un taller para reparar heridos de nacimiento. El paraíso, ese paisaje con alas migratorias, se te antoja la cruda realidad de haber visto una noche temblar a tu madre por sus dolores lunares en el óvulo. Te afirmas a ti mismo con fragilidad. Niegas que el paraíso sea la contradicción. En cuestiones de origen o de principios nunca has acertado.

Ahora que piensas, por otra parte, piensas que el paraíso no es pensamiento. Lo sientes, más bien, como un río de estrellas atravesado por los gritos que dios profiere, cuando en distantes regiones insondables, o en la levedad de la vida humana, canta altas tragedias. Dulces y azules que le pone a la muerte así como así. Deus ex machina obrando seres mortales como pavesas que vuelan de su sonrisa infinita. En fin, digamos, qué más da, que es de allí, de ese surgimiento, desde donde se entiende aquello de que el paraíso es una mermelada de inexistencia que buscan los eternamente perdidos.

El paraíso, tú qué sabes, es un niño con los ojos abiertos o un muerto con los ojos cerrados, un ángel en llamas o el grito liberador y libertario de las bestias. Mejor dicho, es un saber perdido entre la maleza que crece en los sueños del hombre. Porque si hay certezas admitirás que, ahora, el paraíso es un mito manzanoso y medio envenenado por los discursos que escupen todos los púlpitos; que no puede haber paraíso donde hay “paras”. Asentirás, pues, con toda la fuerza de tu escepticismo que, ahora, el paraíso es el nombre de un almacén que viste la selva con ropa interior, o el letrero de neón de un antro poblado por soldados abatidos y prostitutas cansadas.

Tal vez - ¡eso si es una palabra firme!- el nombre del paraíso pueda ser, otra vez, un día, el de utopía. Mas a qué desvariar. El paraíso es apenas un vocablo inscrito en las hojas antiguas de los libros sagrados. Sólo leyendas primitivas que vuelven en sueños, con sus espejos reconstruidos y su forma de corazón y sus raíces de silencio. A qué desvariar más, si sólo vuelven en sueños a roerte la costilla.